Cada 5 de agosto, muchos devotos vinculados con Medjugorje recuerdan una celebración ocurrida en 1984, cuando los videntes afirmaron haber recibido la indicación de conmemorar el segundo milenio del nacimiento de la Virgen María.
Según los relatos conservados sobre aquellos días, la celebración estuvo precedida por tres jornadas de oración y ayuno. Decenas de sacerdotes escucharon confesiones y numerosas personas experimentaron un profundo deseo de conversión.

Un enorme pastel en Križevac
Marija Pavlović relató años después que los integrantes del grupo de oración quisieron preparar algo especial. Encargaron un pastel grande, decorado con velas y rosas de azúcar, y consiguieron subirlo hasta Križevac, a pesar de la dificultad del camino.
Cuando llegó el momento de la oración, cantaron a la Virgen y le ofrecieron sus felicitaciones. De acuerdo con esta anécdota, Ivan tuvo entonces una idea espontánea: ofrecerle una de las rosas de azúcar.
Marija cuenta que, después de la aparición, la rosa ya no estaba. A la mañana siguiente algunos jóvenes regresaron para buscarla, pero nunca volvieron a encontrarla. Para ellos, aquel detalle sencillo quedó guardado como un recuerdo lleno de alegría y cariño filial.
Una fecha que debe presentarse con prudencia
La Iglesia católica celebra oficialmente la Natividad de la Virgen María el 8 de septiembre. El 5 de agosto pertenece a la tradición testimonial relacionada con los videntes de Medjugorje y no debe presentarse como una fecha histórica o sobrenatural confirmada por la Iglesia.
El Dicasterio para la Doctrina de la Fe concedió en 2024 el nihil obstat a la experiencia espiritual de Medjugorje por sus frutos positivos, pero pidió prudencia frente a ciertos detalles de los presuntos mensajes, incluyendo precisamente la afirmación relacionada con el 5 de agosto de 1984.
El mejor regalo para María
Más allá del pastel y de la misteriosa rosa, la parte más valiosa de esta historia se encuentra en lo que sucedió alrededor: oración, ayuno, confesiones y conversión.
El mejor regalo que podemos ofrecerle a María no es algo material. Es abrir el corazón a Dios, reconciliarnos, rezar por la paz y permitir que ella nos conduzca a Jesús.
En este día podemos decir con cariño:
¡Feliz cumpleaños, Madre querida! Recibe nuestras oraciones y llévanos de tu mano a Jesús. Reina de la Paz, ruega por nosotros y por el mundo entero.


