Cuarenta días, otra vez

¡Cuarenta días, otra vez!. Me pregunto: ¿Qué haré este año? ¿Dejaré de fumar?. ¿Dejaré de tomar cerveza o refrescos? ¿Dejaré de comer dulces? ¿Dejaré de ver la televisión o de pasar tanto tiempo en las redes sociales? ¿Y las fiestas que tengo planificadas? ¿No me conviene entonces? ¿Dejaré de…?

No, no, nada de esto es buena idea, definitivamente no. Ya sé, tomaré el café sin azúcar, la leche sin chocolate, no comeré tortillas de harina, no veré películas entre semana.

¡Cuarenta días otra vez! Y es que esta es, verdaderamente, la misma vieja historia que se repite año tras año: tratar de resignarme y vivir este tiempo de cuaresma, con la “Ley del mínimo esfuerzo”. Y como siempre, dará resultado por unos cuantos días. Y es que estoy perdiendo de vista el objetivo. Pero yo mismo me río, porque ¿cuál es el objetivo?

¡Señor!, ¿No te das cuenta de que estoy perdido? ¡Cuaresma! ¡Cuarenta días, otra vez! Oración, ayuno, penitencia, conversión, limosna, confesarse, comulgar, ser mejor, cambiar, ¿ayudar a los demás? ¿indulgencias? ¿de qué se trata todo ésto? Jesús, realmente no entiendo, no creo ni lo acepto. ¿Por qué es tan difícil? ¿Por qué batallo tanto?

“Es Jesús mismo quien te responde”
– Yo soy el camino, la verdad y la vida. Todo lo que te pido es que me sigas. Que vengas conmigo adonde yo vaya en este camino de la cruz. Cuarenta días, sí, otra vez. Porque te necesito a ti. No necesito tus cigarros, ni tus bebidas, ni tus refrescos, ni el azúcar, ni el café, ni el chocolate. Si, claro, todo esto te ayuda a vivir el espíritu de sacrificio, pero lo que yo necesito eres “TÚ”. Necesito tus pies, necesito tus manos, necesito tus ojos, necesito tu libertad, tu memoria, tu
voluntad, necesito tu comprensión, necesito tu mente, tu corazón y tu alma.

!Cuarenta días… otra vez¡ Déjame sanarte interiormente, déjame darte mi Amor, déjame mostrarte mi perdón y mi misericordia. Esto es lo que te pido:
Déjame entrar a tu corazón; acércate a mí en el silencio de tu alma y en la quietud de tu conciencia, ahí estoy yo, sediento de ti, esperándote con los brazos abiertos.

!Cuarenta días… otra vez ¡ Sé que no es fácil, pero ciertamente es posible. El camino es largo y a ratos puede parecer aburrido y sin sentido. Te vas a cansar, muy pronto te vas a desanimar, puede ser doloroso y difícil, pero acuérdate que estoy contigo, siempre contigo.

Para convertir tu cansancio en ánimo, tu tristeza en alegría, tu pecado en gracia, tu soledad en compañía. No fue nada fácil para mí hacerlo hace ya dos mil años. Estaba solo, hambriento, cansado, tuve tentaciones pero tenía la seguridad de que mi Padre no me abandonaría. Escuché dentro de mi corazón: “Confía en MI”

No dejes que estos cuarenta días sean nada más un cambio cuaresmal, “otra vez”. Arriésgate a caminar conmigo, sé valiente y acepta el reto, haz de este camino de la cruz algo muy especial… TÚ y YO, un camino desde dentro del corazón.

¡Cuarenta días… sí, otra vez, pero distintos! “Confía en Mi”, Caminaremos juntos, sufriremos juntos, moriremos juntos al pecado en la cruz, para resucitar y VIVIR juntos mi GRACIA en la LUZ de la PASCUA de este año. “TENGO HAMBRE Y SED DE TI”.

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